martes, 17 de junio de 2014

La máquina del bien y del mal

 La literatura como “máquina” productora de sentidos 


Son también creadores, artistas, poetas.
Como Walsh, esos mecánicos crean una máquina que escapa a sus intenciones iniciales.
Walsh metaforiza el proceso por el cual él mismo se hace escritor, su pasaje del ejercicio de un oficio hacia el arte.
La “Máquina” del cuento no es más que la máquina literaria que él mismo construyó.
En el cuento, un mecánico astuto construye un aparato para engañar a una vieja incauta, vendiéndosela como instrumento capaz de hacer el bien o el mal a las personas.

“En el fondo siempre he sido un artista. No se rían, melones, si al final yo mismo no sabía lo que estaba haciendo. Era una especie de inspiración divina que me agarraba y me decía poné esta válvula acá y este buje más allá y acortale el cigüeñal. Cada mañana se me ocurrían nuevas ideas y de noche no podía dormir pensando en la Máquina.”

 El trabajo del mecánico es una metáfora de los procedimientos literarios de Walsh, partiendo de fragmentos y recursos argumentativos extraliterarios o tomados de las literaturas “menores”.

Como dice Imperatore: “La máquina hecha a partir de motores en desuso emula procedimientos de construcción que también son artísticos, se trata de selección y montaje“

Pero el proceso de creación artística no se redujo a ese procedimiento mecánico. Entra un elemento de revelación -la inspiración divina- que indica cómo la selección y el ordenamiento deben ser realizados.
Ese elemento actúa por medio del autor independientemente de sus motivaciones y objetivos.

La máquina, en cuya eficiencia su creador no creía, funciona.


WALSH, Rodolfo."La máquina del bien y del apenas”. En: LUGONES, Pirí (org.).
Los diez mandamientos.
Ed. cit., p. 10.


IMPERATORE, Adriana. “Voces, prácticas y apropiaciones de lo popular en la ficción de Walsh. En:ZUBIETA, Ana M. (comp.): 
.Letrados iletrados. Apropiaciones y representaciones de lo popular en la literatura
. Buenos Aires: Eudeba, 1999, p.184.

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Piglia se referirá, en
La ciudad ausente a aquello que Walsh metaforiza en este cuento, la “máquina de narrar”:Inventar una máquina es fácil, si la persona consigue modificar las piezas de un mecanismo anterior. Las posibilidades de transformar aquello que ya existe en otra cosa son infinitas.

Como Walsh, pero de manera más explícita, Piglia tematiza la “máquina de narrar”. En la trama de La ciudad ausente a la gran “máquina de narrar”, que es e lEstado, es posible oponer máquinas construidas con retazos de motores viejos, desarmados en talleres del fondo en los suburbios de las ciudades. Ellas generan pequeños relatos fragmentados que pueden llegar a componer el gran contra-relato.
 La “máquina del bien y del mal” es un dispositivo “moderno” que sustituye al “árbol del bien y del mal” y con el disputa el grado más alto en la creación: la producción de sentidos.

Enfrenta, así, la naturalización de las narrativas hegemónicas por la acción de un trabajo prosaico y terrestre, al alcance de los plebeyos.
La idea de una “máquina de narrar” forma parte del repertorio temático del sistema literario argentino, ya a partir de Macedonio Fernández.
La máquina literaria de Walsh, así como la “máquina del bien y del mal” de su cuento, es capaz de crear sentidos no sólo para los lectores. Transformó al propio Walsh y dio un sentido a su propia acción. Él construyó una máquina de narrar que ganó autonomía. Hay un momento en la biografía político-literaria de Walsh en que toma conciencia de eso, y es después de escribir  Operación Masacre
.Como el mecánico astuto del cuento, el autor quería ganar dinero, en el caso de
Operación Masacre con una primicia periodística. Él lo reconoció durante un debate en la Universidad de Buenos Aires, en 1973: “- Dígame Walsh... ¿qué ideales lo llevaron a escribir Operación Masacre? - ¿Ideales? Yo quería ser famoso... ganar el Pulitzer... tener dinero…”
.Pero la máquina de narrar historias creada por Walsh modificó su historia  personal, en primer lugar, porque su producción narrativa fue para él, también, un  método de conocimiento, según él mismo reconoce: “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior“

Por un lado tenemos la escritura como un oficio al alcance de cualquiera, pero capaz de crear sentidos; por otro, el elemento de inspiración irrepetible. La tensión no se resuelve. No hay manual o normativa, como parece indicar el título de la colección en laque el cuento fue publicado: Los diez mandamientos
.
El relato del mecánico es el de una frustración, la de haber construido la máquina productora de sentidos y no conseguir reproducirla.
Pero La máquina del bien y del mal 
también tiene parentesco con Corso con Las tres noches de Isaías Bloom
con Mensaje a Pérez Griz  entre otras obras, en la captura del habla marginal.
En el cuento que estamos examinando, la narración en primera persona, domina todo el cuento. También hay una conexión con Cartas
Cuento producido a partir de correspondencia hallada en un archivo, de un chacarero pobre y endeudado. En Cartas se insertan tramos de la correspondencia con la sintaxis y la ortografía del chacarero no letrado. En estos cuentos, la captura del discurso del otro es radical y está emparentada con procedimientos utilizados por Walsh en su actividad periodística. La captura de que hablo se coloca como una cuestión político-literaria desde la constitución del sistema literario argentino. Ya en El matadero de Esteban Echeverría, la voz del no letrado es apropiada y encapsulada en el estilo directo, separada claramente de la voz del narrador. La apropiación de un habla-acción, un habla que convoca a la violencia, sirve como justificación paranoica de las élites para la violencia preventiva contra los pobres .Siguiendo la tradición, en La fiesta del monstruo  Borges y Bioy Casares construirían después un cuento con narración en primera persona por parte del protagonista pobre-peronista-violento, en el cual esos adjetivos funcionan como sinónimos, con efecto tan demonizador como el del relato de Echeverría

Pero en la obra literaria de Walsh, los procedimientos de inclusión de esa voz cambian el tema, ora radicalizando el conflicto, como en Las tres noches de Isaías Bloom a la manera del Arlt en Los siete locos por el uso de dos registros lingüísticos bien definidos, ora por el control discursivo absoluto, como en
La máquina del bien y del mal  y en Corso a la manera del Torito
de Cortázar.


La Maquina De Pensar De Raimundo Lulio




Raimundo Lulio (Ramón Llull) inventó a fines del siglo XIII la máquina de pensar; Atanasio Kircher, su lector y comentador, inventó, cuatrocientos años después, la linterna mágica.
La primera invención consta en la obra titulada Ars magna generalis; la segunda, en la no menos inaccesible Ars magna lucís et umbrae.
Los nombres de ambas invenciones son generosos. En la realidad, en la mera lúcida realidad, ni la linterna mágica es mágica ni el mecanismo ideado por Ramón Llull es capaz de un solo razonamiento, siquiera rudimental o sofístico. Dicho sea con otras palabras: comparada con su propósito, juzgada según el propósito ilustre del inventor, la máquina de pensar no funciona. El hecho es secundario para nosotros. Tampoco funcionan los aparatos de movimiento continuo cuyos dibujos dan misterio a las páginas de las más efusivas enciclopedias; tampoco funcionan las teorías metafísicas y teológicas que suelen declarar quiénes somos y qué cosa es el mundo. Su pública y famosa inutilidad no disminuye su interés. Puede ser el caso (creo yo) de la inútil máquina de pensar.

La invención de la máquina
Ignoramos y siempre ignoraremos (porque es aventurado esperar que la omnisapiente máquina lo revele) cómo fue invocada la máquina. Felizmente, uno de los grabados de la famosa edición maguntina (1721-1742) nos permite conjeturarlo. Es verdad que Salzinger, el editor, juzga que ese grabado es la simplificación de otro más complejo; yo prefiero pensar que es el modesto precursor de los otros. Examinemos ese antepasado (figura 1). Se trata de un esquema o diagrama de los atributos de Dios. La letra A, central, significa el Señor. En la circunferencia la B quiere decir la bondad, la C la grandeza, la D la eternidad, la E el poder, la F la sabiduría, la G la voluntad, la H la virtud, la I la verdad, la K la gloria. Cada una de esas nueve letras equidista del centro y está unida a todas las otras por cuerdas o por diagonales. Lo primero quiere decir que todos los atributos son inherentes; lo segundo, que se articulan entre sí de tal modo que no es heterodoxo afirmar que la gloria es eterna, que la eternidad es gloriosa, que el poder es verídico, glorioso, bueno, grande, eterno, poderoso, sapiente, libre y virtuoso, o bondadosamente grande, grandemente eterno, eternamente poderoso, poderosamente sabio, sabiamente libre, libremente virtuoso, virtuosamente veraz, etcétera, etcétera.
Quiero que mis lectores alcancen bien toda la magnitud de ese etcétera. Abarca, por lo pronto, un número de combinaciones muy superior a las que puede registrar esta página. El hecho de que sean del todo vanas —de que, para nosotros, decir que la gloria es eterna es tan estrictamente nulo como decir que la eternidad es gloriosa— es de un interés secundario. Ese diagrama inmóvil, con sus nueve mayúsculas repartidas en nueve cámaras y atadas por una estrella y unos polígonos, es ya una máquina de pensar. Es natural que su inventor —hombre, no lo olvidemos, del siglo XIII— la alimentara con materias que ahora nos parecen ingratas. Nosotros ya sabemos que los conceptos de bondad, de grandeza, de sabiduría, de poder y de gloria, son incapaces de engendrar una revelación apreciable. Nosotros (en el fondo, no menos ingenuos que Llull) la cargaríamos de un modo distinto. Sin duda, con las palabras Entropía, Tiempo, Electrones, Energía potencial, Cuarta dimensión, Relatividad, Protones y Einstein. O, también: Plusvalía Proletariado, Capitalismo, Lucha de clases, Materialismo dialéctico, Engels.
Los tres discos
Si un mero círculo, subdividido en nueve cámaras, da lugar a tantas combinaciones, ¿qué no podemos esperar de tres discos, giratorios, concéntricos y manuales, hechos de madera o de metal y con sus quince o veinte cámaras cada uno? Eso pensó el remoto Ramón Llull en su isla roja y cenital de Mallorca, y planeó su máquina ilusa. Las circunstancias y propósitos de esa máquina (figura 2) no nos interesan ahora; sí el principio que la movió: la aplicación metódica del azar a la resolución de un problema.
En el exordio de este artículo dije que la máquina de pensar no funciona. La he calumniado: elle ne fonctionne que trop, funciona abrumadoramente. Imaginemos un problema cualquiera: dilucidar el «verdadero» color de los tigres. Doy a cada una de las letras lulianas el valor de un color, hago rodar los discos y descifro que el inconstante tigre es azul, amarillo, negro, blanco, verde, morado, anaranjado y gris o amarillamente azul, negramente azul, blancamente azul, verdemente azul, moradamente azul, azulmente azul, etcétera... Ante esa ambigüedad torrencial, los partidarios de la Ars magna no se arredraban: aconsejaban el empleo simultáneo de muchas máquinas combinatorias, que (según ellos) se irían orientando y rectificando, a fuerza de «multiplicaciones» y «evacuaciones». Durante mucho tiempo, muchos creyeron que en la paciente manipulación de esos discos estaba la segura revelación de todos los arcanos del mundo.

Gulliver y su máquina
Quizá recuerden mis lectores que Swift, en la tercera parte de los Viajes de Gulliver, se burla de la máquina de pensar. Propone o describe otra, más compleja, donde la intervención humana es harto menor.
Esta máquina —refiere el capitán Gulliver— es una armazón de madera, hecha de cubos de tamaño de un dado, eslabonados por alambres sutiles. En las seis caras de los cubos hay palabras escritas. A los lados de esa armazón horizontal hay manijas de hierro. Basta moverlas para que se inviertan los cubos. A cada vuelta cambian las palabras y el orden. Luego se leen atentamente, y si dos o tres forman una oración o trozo de oración los estudiantes las anotan en un cuaderno. «El profesor», agrega fríamente Gulliver, «me señaló varios volúmenes en folio imperial, llenos de frases rotas: materiales preciosos que era su propósito organizar para ofrecer al mundo un sistema enciclopédico de todas las artes y ciencias».
Vindicación final

Como instrumento de investigación filosófica, la máquina de pensar es absurda. No lo sería, en cambio, como instrumento literario y poético. (Agudamente anota Fritz Mauthner — Woerterbuch der Philosophie, volumen primero, página 284— que un diccionario de la rima es una especie de máquina de pensar.) El poeta que requiere un epíteto para «tigre», procede en absoluto como la máquina. Los va ensayando hasta encontrar uno que sea suficientemente asombroso. «Tigre negro» puede ser el tigre en la noche; «tigre rojo», todos los tigres, por la connotación de la sangre.

lunes, 16 de junio de 2014

Punteo 16/6



Máquina. Deleuze, Guattari. Producción. Flujos y cortes. Sentidos. Luces. ¿Habitar el sinsentido? No hay certezas solo interpretaciones. Poner en marcha, poner a andar.
Intervención máquina. Improvisación. Lo instantáneo, lo no pensado. Fuga, preciosa irrupción.
Dejar varios (no todos) porvenires a los senderos de los jardines que se bifurcan.
Posibilidad. Conexión de todas las problemáticas rizomaticas. Sentido y significación se alimentan mutuamente en el rizoma.
Todos, la tiranía de lo uno. Poner fin a las tiranías.
La multiplicidad no es por adición es por sustracción. Deconstruir, fragmentar.
Porvenir, devenir, laberinto, recorridos, extravío, recorrido ficcional, temporal, simultaneidad de cuestiones convivientes.
Convivencia de azares, se bifurca la idea de fuga. Laberinto temporal de porvenires, simultaneidad de estados disponibles. Convergencia, divergencia. Escribe Heraclito: La armonía del tender en direcciones opuestas.
Los infinitivos. Lo infinito, acontecimiento blanco. Sin ataduras más que la del liviano instante. Potencia, potenciación, alejarse del ser, de las ligaduras de las ideas de ser, sustancia, sujeto. Vivir no siendo sino viviendo.
Construcción maquinal, articulación de redes rizomaticas, transito de mesetas, territorializacion, continuo movimiento pendular entre lo estriado y lo liso. Fuga que tiende a lo liso, operatorias, juegos de fuerzas, pujas por el acontecimiento por gobernarlo.
Transformación de espacios. Relanzar territorios, continuo movimiento de flujos y cortes. “El texto esclaviza al actor”, el texto somete al actor a una escritura establecida, a la representación. Ahoga la afectación, el texto es amigo de la tirana finalidad, el texto fija metas, el texto hace amistad con el tirano, instala fijeza, impide el devenir, envenena el instante.
Razón poética. Ambigüedad de los estados. La parte sensible de lo neutro. Convivencia de la confluencia de pensares.
Proponer pensamientos que van y vienen, amar la potenciación.  Lo arbóreo / lo rizomatico. Lo rizomatico como bache transversal que irrumpe en la densa cotidianeidad.
Romper con otro tirano. Romper la diada causa-efecto, des terminación, ruptura de lo lineal.
Poetizar la clínica con la intervención. Instalar la ambigüedad, vivir incierto sin fijezas angustiantes. Anonimar, dar vuelta la hoja, dar paso, vivir como pasaje.
Producir, continuar la máquina, hacer maquina a lo que se proclama máquina. Continuar la maquina libro, continuar con lo maquinico de la experiencia.


sábado, 14 de junio de 2014

Práctico 9/6

Invitada: Lic. Luz Barassi. 

Prácticas Grupales

"¿Cómo definirían la clínica?" 

  • Modo de intrevenir
  • Un dispositivo
  • Alguien enfermo va para que lo curen...
Distinto de la Clínica del estar ahí: no esperar a que una persona venga  a consultarnos por su sufrimiento, sino más bien la pregunta es: ¿Cómo llegar al sufrimiento?

Clínica Grupalclínica de ir hacia; clínica de las Instituciones... Armar dispositivos para alojar el sufrimineto.

1905: Pratt -- médico. arma un dispositivo pedagógico. Clínica exhortativa, parental.

1935: No hay jerarquías parentales, se busca fomentar la fraternidad. Grupos como Alcohólicos Anónimos

"Hay una instalación que produce Pratt. Hay una instalación que produce AA: sos bienvenido si aceptas que sos alcohólico"

1924: Grupo Isla: Mayo: fábrica de mujeres: provocar desde afuera malestar para ver si bajaba la producción, pero lo que se dieron cuenta que la producción no bajó --- clíma grupal; clima emocional.

1938-1943: Kurt Lewin: psicólogo gestáttico: "El todo es más que la suma de las partes"

Liderazgo: 
Democrático: abre los canales de comunicación.
Autoritario: retiene sobre sí los canales de comunicación.
Laissez- faire: completa libertad al momento de liderar.

1943: Cruz Roja Internacional

=> Requerimiento de trabajar en grupo viene de la mano de propuestas Gubernamentales (investigación en grupos). Esto es distinto de Lo Grupal como grado cero de los grupos.

1960: ARGENTINA

Importaban las utopías.
Ideal de un profesional de la Salud Mental: cambiar el mundo; cambiar las instituciones.

P. Riviere: salirse de los estereotipos, de los lugares adjudicados. Dispositivos que parten de una ruptura con lo hegemónico.

('68: Mayo Frances: cambio de paradigma en las universidades... se suman los partidos obreros y los intelectuales)

(En Argentina: Cordobazo: Movimiento que no solamente hablan de lo que hablan; discursos acompañantes. Necesidad de expresión de potencias acalladas)

P. Riviere --- Experiencia de Rosario. En el decir de Ulloa: "situación grupal donde aparece lo paradojal"

Grupo Operativo: trabaja en torno de una tarea. Y en torno a ella se trabajan las emociones, ansiedades. Operar sobre la realidad cura, hace que te transformes

Psicodrama Psicoanalalítico. 
Pavlovsky: médico, psicoanalísta, miembro de la APA

Bion: "Experiencias en Grupos"
Supuesto Básico: fsía. que comanda al grupo.
Coordinador que es distinto del lider. Coordinador cataliza las emociones .
Hay grupo cuando la contensión es unánime y anónina que comanda lo que los pacientes hacen y dicen. La terapia finaliza cuando se puede estar en el grupo sin decir nada.

¿Qué cuestiona la cátedra de esto?  Desde estas perspectivas se trabaja sobre lo colectivo, pero como la mirada está puesta en lo individual, lo múltiple se pierde. 
Se atribuye a los integrantes del grupo un supuesto básico --- mirada de lo único.

¡Gracias Luz!


miércoles, 11 de junio de 2014

MAQUINA LIBRO SEGUN DELEUZE Y GUATTARI

Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el libro a un sujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias y la exterioridad de sus relaciones.
En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentariedad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación. Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contrario, de precipitación y de ruptura.

Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, significado o significante, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior. Puesto que un libro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., y con una máquina abstracta que las genera?

Un libro es una multiplicidad.
 Nosotros no hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentariedades, líneas de fuga e intensidades, los agenciamientos maquínicos y sus diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección, el plan de consistencia (o de inmanencia), las unidades de medida en cada caso. Los estratómetros, los deleómetros, las unidades CsO de densidad, las densidades CsO de convergencia no sólo cuantifican la escritura, sino que la definen como algo que siempre es la medida de otra cosa. Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes.
Un primer tipo de libro es el libro-raíz. El árbol ya es la imagen del mundo, o bien la raíz es la imagen del árbol mundo. (...) Ni la raíz pivotante ni la raíz dicotómica estienden la multiplicidad. Mientras que una actúa en el objeto, la otra actúa en el sujeto. La lógica binaria y las relaciones biunívocas siguen dominando el psicoanálisis (el árbol del delirio en la interpretación freudiana de Schreber), la lingüística y el estructuralismo, hasta la informática.
El sistema-raicilla, o raíz fasciculada, es la segunda figura del libro, figura que nuestra modernidad invoca con gusto. La unidad continúa su trabajo espiritual, precisamente en esa dimensión suplementaria del pliegue (...) Las palabras de Joyce, precisamente llamadas "de raíces múltiples", sólo rompen efectivamente la unidad lineal de la palabra, o incluso de la lengua, estableciendo una unidad cíclica de la frase, del texto o del saber. Los aforismos de Nietzsche sólo rompen la unidad lineal del saber remetiendo a la unidad cíclica del eterno retorno presente como un no-sabido en el pensamiento. Ni que decir tiene que el sistema fasciculado no rompe verdaderamente con el dualismo, con la complementariedad de un sujeto y de un objeto, de una realidad natural y de una realidad espiritual. (...) El mundo ha devenido caos, pero el libro continúa siendo imagen del mundo, caosmos-raicilla, en lugar de cosmos-arcilla. Extraña mistificación la del libro, tanto más total cuanto más fragmentado.

Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino, al contrario. Este tipo de sistema podría denominarse rizoma. Un rizoma como tallo subterráneo se distingue radicalmente de las raíces y de las raicillas.
En un rizoma no hay puntos o posiciones, como ocurre en una estructura, un árbol o una raíz. En un rizoma sólo hay líneas. Cuando Glen Gould acelera la ejecución de un fragmento, no sólo actua como virtuoso, transforma los puntos musicales en líneas, hace proliferar el conjunto.
Estamos cansados del árbol. No debemos seguir creyendo en los árboles, en las raíces o en las raicillas, nos han hecho sufrir demasiado. Toda la cultura arborescente está basada en ellos, desde la biología hasta la lingüística.
El pensamiento no es arborescente, el cerebro no es una materia enraizada ni ramificada. Las erróneamente llamadas "dendritas" no aseguran la conexión de las neuronas en un tejido continuo. La discontinuidad de las células, el papel de loa axones, el funcionamiento de las sinapsis, la existencia de microfisuras sinápticas, el salto de cada mensaje por encima de esas fisuras convierten el cerebro en una multiplicidad inmersa en su plan de consistencia o en su glia, todo un sistema aleatorio de probabilidades, incertain nervous system.
Muchas personas tienen un árbol plantado en la cabeza, pero en realidad el cerebro es más una hierba que un árbol.
Tanto para los enunciados como para los deseos, lo fundamental no es reducir el inconsciente, ni interpretarlo o hacerlo significar según un árbol. Lo fundamental esproducir inconsciente, y, con él nuevos enunciados, otros deseos: el rizoma es precisamente esa producción de inconsciente.
Resulta curioso comprobar como el árbol ha dominado no sólo la realidad occidental, sino todo el pensamiento occidental, de la botánica a la biología, pasando por la anatomía, pero también por la gnoseología, la teología, la ontología, toda la filosofía... Occidente tiene una relación privilegiada con el bosque y con el desmonte.
Todos los dualismos son el enemigo, pero un enemigo absolutamente necesario, el mueble que continuamente desplazamos.

Resumamos los caracteres principales de un rizoma: a diferencia de los árboles o de sus raíces, el rizoma conecta cualquier punto con otro punto cualquiera, cada uno de sus rasgos no remite necesariamente a rasgos de la misma naturaleza; el rizoma pone en juego regímenes de signos muy distintos e incluso estados de no-signos. El rizoma no se deja reducir ni a lo Uno ni a lo Múltiple. No es lo Uno que deviene en dos, ni tampoco que devendría tres, cuatro o cinco, etc. No es un múltiple que deriva de lo Uno, o al que lo Uno se añadiría (n + 1). No está hecho de unidades, sino de dimensiones, o más bien de direcciones cambiantes. No tiene ni principio ni fin, siempre tiene un medio por el que crece y desborda. Constituye multiplicidades lineales de n dimensiones, sin sujeto ni objeto, distribuibles en un plan de consistencia del que siempre se sustrae lo Uno (n - 1). Una multiplicidad de este tipo no varía sus dimensiones sin cambiar su propia naturaleza y metamorfosearse. Contrariamente a una estructura, que se define por un conjunto de puntos y de posiciones, de relaciones binarias entre estos puntos y de relaciones biunívocas entre esas posiciones, el rizoma sólo está hecho de líneas: líneas de segmentaridad, de estratificación, como dimensiones, pero también línea de fuga o de desterritorialización como dimensión máxima según la cual, siguiéndola, la multiplicidad se metamorfosea al cambiar de naturaleza. Pero no hay que confundir tales líneas, o lineamientos, con las filiaciones de tipo arborescente, que tan sólo son uniones localizables entre puntos y posiciones. Contrariamente al árbol, el rizoma no es objeto de reproducción: ni reproducción externa como el árbol-imagen, ni reproducción interna como la estructura-árbol. El rizoma es una antigenealogía, una memoria corta o antimemoria. El rizoma procede por variación, expansión, conquista, captura, inyección. Contrariamente al grafismo, al dibujo o a la fotografía, contrariamente a los calcos, el rizoma está relacionado con un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga.
Una meseta no está ni al principio ni al final, siempre está en medio. Un rizoma está hecho de mesetas. Gregory Bateson emplea la palabra "meseta" (plateau) para designar algo muy especial: una región continua de intensidades, que vibra sobre sí misma, y que se desarrolla evitando cualquier orientación hacia un punto culminante o hacia un fin exterior.

Las cosas que se me ocurren no se me presentan por su raíz, sino por un punto cualquiera situado hacia el medio. Tratad, pues, de retenerlas, tratad de retener esa brizna de hierba que sólo empieza a crecer por la mitad del tallo, y no la soltéis.

Franz Kafka

En realidad es un problema de semiótica perceptiva. No es fácil percibir las cosas por el  medio. No es fácil ver la hierba en las palabras y las cosas (de la misma forma, Nietzsche decía que un aforismo debía ser "rumiado", toda meseta es inseparable de las vacas que la pueblan, y que también son las nubes del cielo).
Se escribe la historia, pero siempre se ha escrito desde el punto de vista de los sedentarios, en nombre de un aparato unitario de Estado, al menos posible, incluso cuando se hablaba de los nómadas. Lo que no existe es una Nomadología, justo lo contrario de una historia. No obstante, en este campo, aunque escasos, también existen grandes logros, por ejemplo a propósito de las Cruzadas de niños: el libro de Marcel Schwob que multiplica los relatos como otras tantas mesetas de dimensiones variables. El libro de Andrzejwski, Las puertas del Paraíso, convierte una frase interrumpida en flujo de niños, flujo de marcha con estancamiento, estiramiento, precipitación, flujo semiótico de todas las confesiones de niños que acuden a sincerarse al viejo monje que encabeza el cortejo.
El libro ideal sería, pues, aquél que lo distribuye todo en ese plan de exterioridad, en una sola página, en una misma playa: acontecimientos vividos, determinaciones históricas, conceptos pensados, individuos, grupos y formaciones sociales. Kleist inventa una escritura de este tipo, un encadenamiento interrumpido de afectos, con velocidades variables, precipitaciones y transformaciones, siempre en relación con el afuera.
El afuera carece de imagen, de significación, de subjetividad.

¿Adónde vais? ¿De dónde partís? ¿Adónde queréis llegar? Todas estas preguntas son inútiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir de cero, buscar un principio o un fundamento, implica una falsa concepción del viaje y del movimiento (metódico, pedagógico, iniciático, simbólico...). Kleist, Lenz o Buchner tienen otra manera de viajar y de moverse, partir en medio de, por el medio, entrar y salir, no empezar ni acabar.

Gilles Deleuze - Félix Guattari
Rizoma






lunes, 9 de junio de 2014

Grupo Plataforma

GRUPO PLATAFORMA
Declaración a los trabajadores de la salud mental

Los que suscriben, psicoanalistas que constituyen el Grupo Plataforma Argentino, integrante del Movimiento Plataforma Internacional, deciden hacer pública su separación de la Asociación Psicoanalítica Internacional y de su filial argentina.
Es ésta la culminación de una línea de trabajo previa y opción crucial para quienes la asumimos, dado que cancelamos así nuestra pertenencia a una institución que algunos de nosotros contribuimos a crear y en la cual invertimos mu­chos años de nuestras vidas, aprendiendo, enseñando, investigando y ejerciendo el Psicoanálisis.
Sabemos que este alejamiento nos trasciende como psicoanalistas y aún como personas, cobrando un significado que se proyecta en un contexto mucho más amplio que el de la vida científico-institucional. Para explicitar los motivos y los propósitos que nos animan, nos dirigimos a los trabajadores de la salud mental, incluyendo entre ellos a nuestros colegas. Con esta comunicación, con trabajos científicos y a través de tareas de docencia, investigación y asistencia, aspiramos a dar una clara imagen de nuestra identidad, a todos los sectores. En este sentido publicaremos un anteproyecto de actividades y estructura organiza­tiva que definirá la forma de incorporación a nuestro movimiento.
Consideramos que la Obra de Freud, el psicoanálisis, produjo una revolución en las Ciencias Sociales con su aporte específico de conocimiento científico y que ese surgimiento estuvo y está determinado, pese a su autonomía relativa, por el con­texto socio-económico-político en el que se practica. Entendemos que, como más abajo detallamos, el psicoanálisis ha sido distorsionado y detenido necesitando para retomar su línea de innovación y desarrollo, de la imprescindible contribución de otras ciencias así como de una distinta y explícita inscripción social, ineludible en este momento histórico.
Nuestra disciplina provee el conocimiento de las determinaciones incons­cientes que regulan la vida de los hombres, pero la misma, como conjunto de prácticas sociales articuladas, está regida también por otros órdenes determi­nantes: fundamentalmente el sistema de producción económica y la estructura política. Tales relaciones generan en los individuos sistemas de creencias acerca del lugar que ocupan en la Sociedad, configurando las Ideologías de clase. És­tas son entonces registros parcializados de la realidad de las prácticas sociales destinados a orientar y justificar toda práctica. Ser coherentes con estos concep­tos nos obliga a entender que el ejercicio científico, indisolublemente ligado a nuestro estilo de vida y a la organización institucional a la que pertenecemos, está igualmente condicionado e ideologizado en todos los aspectos por su inser­ción en el sistema, siendo tan sólo una particularidad de las instituciones que lo integran y sostienen.
La razón de nuestro alejamiento pasa por disidencias con la organización societaria psicoanalítica a todos los niveles: teórico, técnico, didáctico, investigativo, económico, pero aquí queremos enfatizar uno decisivo, el ideológico. En este plano el enfrentamiento y las exigencias de acción concreta que comporta es insuperable e impugna a la ideología global de la Institución, por lo cual quere­mos que quede claro que no nos impulsa grupal o individualmente ninguna in­tención más o menos reformista ni reivindicatoria intra-institucional y que las críticas que siguen no aluden a personas, muchas de las cuales apreciamos, por las que fuimos formados psicoanalíticamente y a las que formamos. Por nuestra parte hemos sido criticados repetidamente tanto por quienes sostienen que so­mos negativos o superfinos como los que nos reprochan no haber asumido antes lo necesarios que éramos alcanzando desde el comienzo una línea madura. No volveremos, por ahora, a ocuparnos de las críticas que desde el quietismo o los pactos con el sistema intenten entorpecernos.
Sostenemos que esta separación, producto de un largo y difícil proceso, es indispensable, y que no puede ser callada y resignada puesto que nos declaramos abiertamente partidarios de una inscripción cualitativa y cuantitativamente dis­tinta dentro del proceso social, económico y político nacional y latinoamericano. Como científicos y profesionales tenemos el propósito de poner nuestros conoci­mientos al servicio de las ideologías que cuestionan sin pactos al sistema que en nuestro país se caracteriza por favorecer la explotación de las clases oprimidas, por entregar las riquezas nacionales a los grandes monopolios y por reprimir to­da manifestación política que tienda a rebelarse contra él. Nos pronunciamos, por el contrario, comprometiéndonos con todos los sectores combativos de la población que, en el proceso de liberación nacional, luchan por el advenimiento de una patria socialista.
En el marco institucional, siendo como es partícipe sumiso de ese orden, el pensamiento psicoanalítico ha sido distorsionado y detenido, paradojalmente, por­que la organización fue creada con la misión de defenderlo y cultivarlo. Esta para­lización está esencialmente dada por la política ejercida desde los cargos directi­vos, cuyo efecto, más allá de las buenas intenciones de quienes también son esterilizados científica y afectivamente por su papel, es consolidar cada vez más la estratificación jerárquica destinada al sostenimiento del privilegio económico de quienes están en el vértice de la pirámide. Esto se vuelve a su vez indoctrinante para quienes están en la base aspirando a llegar a la cúspide del poder. Menciona­remos algunos hechos que resten a este enunciado el valor de una mera afirmación y que permitan justipreciar los pactos ideológicos que se establecen entre Ciencia y Sistema, articulaciones entre estructura institucional e ideología de clase domi­nante, que se expresan en esta modalidad de la práctica científica: la Asociación Psicoanalítica Argentina está compuesta actualmente por 367 personas de las cua­les 194 pertenecen como miembros a la Institución y el resto al Instituto del Psi­coanálisis en calidad de egresados y candidatos. Este sector de la población no tie­ne ningún acceso legal a la política institucional, ni puede recibir información exhaustiva acerca de la misma so pretexto del cuidado del encuadre analítico. Por otra parte, del total de miembros aceptados en la Institución sólo los 79 Miembros Titulares tienen voz y voto en las decisiones importantes. De los restantes, sólo un 116 Miembros adherentes tienen voz pero no poder para tomar parte en las deci­siones. Aun dentro de la minoría dirigente los subgrupos más encumbrados exclu­yen con maniobras más o menos legales a los demás.
En el Instituto de Psicoanálisis existe una situación semejante.
Hay una Comisión de Enseñanza que es el máximo nivel de la organización pedagógica, compuesta por miembros titulares que pertenecen a su ve/, a In misma minoría que rige los destinos de la Institución. Existe también un Claus­tro de Profesores, donde votan sólo los profesores titulares y adjuntos, pertene­cientes en su mayoría al grupo antes mencionado. Frente a esa concentración de poder, para resaltar el contraste, consignamos que un cuerpo de delegados repre­senta a los estudiantes que se hacen escuchar por su intermedio en la Comisión de Enseñanza en cuanto a algún tipo de reestructuración pedagógica circunstancial sin contenido demasiado innovador ni científico, ni objeciones a las relaciones de poder.
Por otra parte, cabe recalcar que un candidato a psicoanalista se ve forzado a destinar a su formación entre 40 y 50 horas semanales de trabajo-estudio-dinero, lo cual significa, o bien una renuncia a toda otra actividad esencial por un pe­ríodo de cuatro años, o bien su realización en tiempo de descanso a costa de la salud física y mental. Con todo son, en última instancia, los pacientes quienes pagan ese artificial sobrecargo, y sorprende ver cómo los candidatos, pese a ese régimen de exacción, encuentran la forma de usar el lapso casi inexistente que les resta para elevar su estándar de vida mimetizando las pautas de consumo de los estratos superiores de la Institución.
Este ordenamiento vertical en que la autoridad jerárquica no necesariamen­te coincide con el mayor nivel científico sino con la antigüedad y la experiencia burocrática, tiene un resultado claramente visible. No solamente desnaturaliza la función específica de la institución de promover la evolución teórico-técnica del Psicoanálisis: profundizando en los conceptos, intercambiando conocimientos con otras ciencias, inaugurando procedimientos y campos de aplicación origina­les, ensayando formas novedosas en la docencia, etc., sino que la sustituye por la búsqueda de prestigio, status y logros económicos.
Ya otras voces se han levantado en protesta contra la así llamada "falta de democracia" en la Institución y reclamando una supuestamente posible reestruc­turación.
Pero no es esa falta de liberalidad el punto clave de fractura que nos desli­ga de la Institución. Sabemos que la verticalidad administrativa y el paternalismo es justamente típico de las organizaciones liberales cuya máxima capacidad de permanecer está dada por una cierta posibilidad que exhiben de hacer conce­siones. No ignoramos que esas características del modelo institucional son efec­tos indicadores de la necesidad del sistema socio-político-económico de soste­nerse también sobre los pilares que le representa un poder científico prestigiado y monopolista del conocimiento que se maneja para su producción específica con las pautas y la ideología que el mismo sistema suministra en otros ámbitos para su perpetuación.
Lo que nos separa esencialmente es que esas modalidades de funcionamien­to societario, a más de los efectos citados, al aislar entre sí a los distintos cuadros en cuanto a la política interna y a la Institución con la realidad en cuanto a la exter­na, van paulatinamente encastillando a los psicoanalistas, con la aquiescencia de los mismos en su larga espera por el ascenso, en el reducto de un estricto quehacer profesional a-político y a-social. Esa penosa condición es racionalizada con el cri­terio de la "neutralidad valorativa" del científico, supuestamente posible y necesa­ria, integrante de toda una concepción utópica que incluye ilusas esperanzas de cambio social al que como hombres no podemos aportar porque el profesionalis­mo nos absorbe y como psicoanalistas tampoco porque todo intento en ese sentido es acusado de "violación ética" y "mezcla entre Ciencia y Política".
Así nos formamos y así hemos formado a otros. Estamos en camino de ser y hacer otros psicoanalistas, uniéndonos a todos aquellos que deseen colaborar en una línea afín a la nuestra. Queremos practicar verdadero psicoanálisis. Ésta es una decisión que nos compromete en el trabajo y la denuncia enrolándonos junto a otros científicos y profesionales que entienden que su ciencia no puede ni debe utilizarse para construir un muro aislante que la enajene de la realidad social ni enajene a la misma de su instrumento teórico, convirtiéndolo de esta manera en herramienta mistificante y mistificada al servicio del no-cambio. Para nosotros, desde aquí en más, el Psicoanálisis no es la Institución Psicoanalítica oficial. El Psicoanálisis es donde los psicoanalistas sean, entendiendo el ser co­mo una definición clara que no pasa por el campo de una Ciencia aislada y ais­lante, sino por el de una Ciencia comprometida con las múltiples realidades que pretende estudiar y transformar.


GRUPO PLATAFORMA ARGENTINO: Armando Bauleo, Fanny Barenblit de Salzberg, Gregorio Barenblit, Carlos G. Bigliani, Lea Nuss de Bigliani, Manuel B. Braslavsky, Luis María Esmerado, Andrés Gallegos, Diego García Reinoso, Gilberte Royer de García Reinoso, Hernán Kesselman, Mane Langer, Miguel Matrajt, Guido Ángel Narváez, Eduardo Pavlovsky, José Rafael Paz, Emilio Ro­drigué, Juan Carlos Volnovich.

Fuente: Los Libros, número 25, marzo de 1972, pp. 5-7.


Grupo Documento

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Declaración

Somos psicoanalistas que hemos renunciado a nuestra condición de miem­bros de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. La presente declaración tiene por objeto fundamentar las razones que nos condujeron a tal toma de posición que, si bien se concreta en este mo­mento, debe ser entendida como parte de un proceso signado por la crisis en que se halla el Psicoanálisis y la institución que hasta hoy aparecía representándolo. Esta crisis es cualitativamente diferente de otras previas. Para poder entenderla debe ser referida al contexto socio-económico en que se da. Por ello considera­mos inseparable nuestro cuestionamiento a la APA de un proyecto político míni­mo en el que se exprese la reinscripción del Psicoanálisis en condiciones dife­rentes. Nuestra disidencia con la APA es de base y nos compromete en un examen que nos abarca también a nosotros, y que nos obliga a replantear cuál es nuestro papel como profesionales de un campo específico -el Psicoanálisis- en el proceso de transformación de nuestra sociedad. Nuestra renuncia forma parte de un proyecto global que intentamos otorgue coherencia a cada una de nuestras acciones.
La crítica a la APA que desarrolla el grupo documento no está dirigida a personas en particular sino a la institución como tal, y sería parcial y superficial si se la entendiera como destinada simplemente a una asociación profesional que simplemente "funciona mal". La APA en realidad es coherente con un sistema social del que reproduce, dentro de las características que le son propias, sus re­laciones de explotación, sus privilegios y los métodos de deformación y repre­sión de cualquier pensamiento cuestionador.
La APA ha llegado a constituir una empresa que lucha por la posesión mo­nopolista del Psicoanálisis. Asegura a sus miembros, a través de la pertenencia y el status que alcancen dentro de ella, la participación en el sistema de privilegio que implica el monopolio. Esta intención monopolista de la APA con respecto al resto de los profesionales de la salud mental y a la que contribuyen todos los miembros de la entidad, se refleja en su estructura interna, en que un reducido número de personas detenta, formalmente y de hecho, la totalidad del poder po­lítico. Este poder se ejerce no sólo en la restricción del voto a una minoría sino de manera aún más sutil y efectiva, a través del sistema didáctico. Así se consti­tuye una pirámide institucional en la que se encuentran regladas las jerarquías de forma tal que no pueda modificarse un hecho básico: la instrumentación ideoló­gica del Psicoanálisis al servicio de las clases dominantes de nuestra sociedad. Pero que los miembros de la APA compartan como conjunto los beneficios que la institución otorga, no elimina el hecho de que la minoría que ejerce el poder dentro de la misma deba apelar, para seguir manteniendo su hegemonía, a la censura de cualquier expresión que tienda a un cambio real. Desde el momento mismo en que alguien se presenta a las entrevistas para ser admitido en la APA hasta aquél en que logra la condición de miembro didacta, máxima posición po­lítica dentro de la entidad, cada participación en las actividades institucionales es utilizada como indicio del grado de acatamiento a las normas e ideas que son impuestas por el grupo dominante. Esto determinó una organización que sin ma­yor exigencia intelectual permite el progreso de todo aquel que acepte las reglas del juego. Se crearon así las condiciones que han dificultado un auténtico cues­tionamiento de los supuestos básicos de la teoría y de la práctica psicoanalítica, enfatizándose en cambio desarrollos secundarios y detalles formales de la técni­ca. Resultó menos riesgoso hacer aportes parciales sobre líneas ya aceptadas que exponerse a las consecuencias de la disidencia. La autocensura constituyó así el complemento de la coerción abierta, coadyuvando al mantenimiento de la repre­sión. Los que debieron ser trabajos científicos se convirtieron en meros medios de ascenso en la pirámide burocrática. He aquí uno de los factores que incidie­ron para el estancamiento científico del Psicoanálisis.
Por otra parte, la orientación dominante de la APA consiste en desarticular al Psicoanálisis del resto de las disciplinas científicas. Lo convierte así en una especie de superciencia que se basta a sí misma y que pretende explicar a las de­más, cayendo de esta manera en una verdadera deformación epistemológica, ba­jo el pretexto de preservar una supuesta pureza del Psicoanálisis. A esta concep­ción estrecha en el plano teórico, corresponde una práctica igualmente limitada: no se han profundizado las múltiples aplicaciones de la teoría psicoanalítica en otros campos de actividades distintas del Psicoanálisis individual, lo que en el interjuego entre praxis y teoría, hubiera permitido abrir nuevas perspectivas de desarrollo para esta última.
El valor social del Psicoanálisis no está dado por los pocos individuos a los que se pueda asistir, sino por ofrecer un cuerpo teórico cuya elaboración permiti­ría crear instrumentos terapéuticos para grupos cada vez más amplios de la po­blación. Además desde el punto de vista de la salud mental los psicoanalistas de­ben asumir su limitación actual para dar solución al problema de grandes masas de población.
Por todo lo dicho creemos que el problema no reside en proponer modifi­caciones formales a una institución, cuyas posibilidades de cambio en el plano científico e ideológico están limitadas por su forma de inserción social.
Nuestra renuncia debe ser contextualizada en relación con el momento ac­tual del movimiento psicoanalítico íntimamente ligado a las condiciones existen­tes en nuestro país. La separación del grupo plataforma, que también actuaba dentro de la APA, constituyó un hecho político que contribuyó a acentuar una polarización ya existente en el movimiento psicoanalítico, polarización de la que fueron ejemplificaciones nuestras sucesivas acciones dentro de la institución. Ante la nueva configuración abierta, nuestra ruptura con la APA apunta al forta­lecimiento del amplio movimiento integrado por individuos y grupos que, más allá de las diferencias tácticas circunstanciales, tiendan al rescate del Psicoanáli­sis poniéndolo al servicio de una meta compartida: el advenimiento de una So­ciedad Socialista.
En el orden nacional nuestra decisión se ubica en el proceso de agudiza­ción de las contradicciones existentes entre los sectores que detentan el poder económico-político y masas de la población cada vez más amplias. A la crisis es­tructural en el plano económico-político, determinada por los problemas no re­sueltos de un país dependiente de los grandes monopolios, se le suma una co­yuntura que deja un margen estrecho de juego para los esquemas tradicionales de las clases opresoras. Esto ha determinado que las formas de represión adquieran inusitada violencia. Las clases dominantes presionan ideológicamente en forma creciente en todos los niveles de trabajo científico: sólo se acepta una ciencia que al negar las determinaciones socio-económicas, se pone conciente o inconscientemente, al servicio del mantenimiento del sistema. La tendencia es a cristalizar estructuras académicas que cumplan ese fin. A pesar de ciertos valores humanos y científicos reconocibles, la APA es un ejemplo de las consecuencias a las que conduce la captación de una teoría científica, revolucionaria en su comienzo, por parte de un sistema que coarta todo pensamiento Nuestra inserción como profesionales en una estructura socio-política así caracterizada, hace utópica cualquier pretensión de autonomía en nuestra práctica. Rechazamos la falacia de la neutralidad postulada como desideratum para el científico, ya que consideramos que el apoliticismo no es nada más que un aval para el sistema, pleno de significado político.
Nos es claro que al alejarnos de APA sólo estamos en el punto de partida de un trabajo y una acción que serán en definitiva los que darán un real sentido a este pronunciamiento.

GRUPO DOCUMENTO: Diana Etinger de Álvarez, Hugo Bellagamba, Marcos Bernard, Hugo Bleichmar, Emilce Dio de Bleichmar, Santiago Dubcovsky, Carlos Kaplan, Raquel Kielmanowicz, Ignacio Maldonado, Julio Marotta, Aldo Melillo, Lea Rivelis de Paz, Aída Dora Romanos, Jorge Rovatti. Leopoldo Salvarezza, Fanny Elman de Schutt, Jaime P. Schust, Horacio Scornik, Gilrberto Simoes, Raquel Kozicki de Simoes, Femando Ulloa.

Fuente: Los Libros, número 25, marzo de 1972, pp. 5-7